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No me resisto a dedicar unas recientes palabras del Gobernador del Banco de España y que se relacionan con el título de este comentario. El panorama que expresa nuestra máxima autoridad monetaria es muy claro: “ los consumidores no consumen, los empresarios no contratan, los inversores no invierten y los bancos no prestan”. Los consumidores no consumen, porque ha bajado su renta disponible, porque está subiendo brutalmente la presión fiscal, particularmente en las CCAA y Ayuntamientos, porque cada vez hay más gente en el paro y otros muchos temen estarlo. Los bancos no prestan: si los bancos están recibiendo dinero del Estado y, sin embargo, los préstamos al consumo y a las Pymes han bajado más del 50% con relación al mismo período del año 2007, ¿qué es lo que está pasando? La pura lógica nos dice que si el sector financiero recibe fondos y baja sus préstamos, es que está haciendo acopio de recursos. ¿Para qué? Sencillo: para atender los compromisos que se le vienen encima. ¡Qué poco se comenta que el sistema financiero español ha sido líder durante varios años en endeudarse dentro del sistema financiero de la UE, tomandos fondos a menor plazo de lo que ha prestado a sus clientes; y mientras tanto, nuestras autoridades monetarias mirando a otro lado. El sector público, por su parte, sigue sin querer reducir gastos y con presupuestos expansivos. Nos dicen que en épocas de crisis el sector público ha de generar demanda, es decir, gasto. Un ejemplo nos aclarará perfectamente qué criterios son los correctos. ¿Qué hace una familia cuando los ingresos le caen en picada? Reduce los gastos innecesarios y suntuosos; retrasa en lo posible los gastos necesarios; sólo realiza los imprescindibles y se endeuda únicamente para actividades que tengan retorno y generen ingresos en el futuro. Hace unas semanas, hablando con una persona bastante representativa de un país de la UE, me comentaba que, debido al enorme gasto público y a la presión fiscal española, los empresarios españoles salen a vender sus productos y servicios con una penalización demasiado alta. Los empresarios no contratan y los inversores no invierten, porque apenas pueden sobrevivir y, además, necesitan un clima de confianza, basado en que se diga la verdad y no en posibles electoralismos. Puestos dentro de la piel de éstos y con el ambiente antes descrito ¿cualquiera de nosotros, aunque le saliera el dinero por las orejas, se animaría a invertir? ¿Pesimismo? No exactamente. Evidentemente hay soluciones en la misma proporción que voluntad de todos por aportarlas.
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